jueves, 3 de septiembre de 2020

Pancartas blancas.

El mensaje lo ponía claro. Plaza de España, ocho de la tarde, domingo, llevar pañuelo blanco. Así que me puse en marcha, cuando llegué un gentío cubría su boca con un pañuelo blanco. Era la consigna para saber que eras del grupo. Cualquier otro color podía haber vinculado el acto con algún partido político, pero debía quedar claro que no era así. Eso, o lo usaban como mascarilla por lo del Covi. Algunas pancartas se comenzaron a elevar, se comenzó a mover la multitud en la dirección que marcaba la cabecera. Desde atrás no veía los eslogan que lucían. Me era difícil avanzar entre la gente, pero al final llegué. Me había sorprendido el silencio. Para ser una manifestación no había gritos, ni aplausos, ni manos en alto. Es más, todo el mundo caminaba como autómatas tras los pasos de los primeros. Entre los que ahora me encontraba. Alcé la mirada y por fin vi el mensaje sobre los lienzos blancos. En realidad, no había. Su pulcritud blanquecina, me dejó pasmada. Fue entonces cuando me percaté de que todos iban como si una fiesta de Los Indianos se tratara. Yo, con mis vaqueros y mi camisa verde descolorida desentonaba. Me salí, desde la acera los vi pasar a todos camino del Parlamento, silentes. Al día siguiente la prensa mencionaba en la cabecera: “Manifestación en contra de la palabra”.

martes, 1 de septiembre de 2020

    EL SOL QUEMA MUCHO

La playa estaba plagada de tapones de botella, eran como los cayados del futuro. Acomodé mi toalla en el acolchado lecho de plástico. En la orilla las olas dejaban una línea de desechos plásticos de toda índole. Una señora se agachaba y de vez en cuando recogía uno. Lo observaba atentamente, como un tesoro y lo metía en una bolsa que llevaba en la cintura. El viento comenzó a peinar la superficie y una bolsa acabó enredada en mi cara. La sacudí  y la dejé que siguiera corriendo. La señora me miró y se acercó a mi. 
No era tan mayor, tan solo el salitre había esculpido su rostro de quizás veinticinco como si doblara en edad. El sol, que ya no calentaba sino quemaba, había hecho el resto. 
Abrió su mochila y rebuscó entre el "cacharrerío" que llevaba, sacó un bote de crema medio lleno de percebes y me lo extendió...
-Póngase crema, que aquí el sol quema mucho.
Entre la tinta desgastada aprecié la fecha de caducidad, 01-09-2020.
Llevaba caducada veinte años.

lunes, 31 de agosto de 2020

Con mascarilla y a lo loco.

Como de una película de baja coste. Producción de ciencia ficción y con efectos especiales un tanto grotescos, aquí estamos. Caminando todos por la calle como si fuéramos a atracar un banco.

Tan sólo nos queda la mirada. Ahora vemos la importancia de un arqueado de cejas, la tristeza cuando estas caen por los lados, la risa en el entrecerrar de los párpados. El respirar del otro que antes era casi imperceptible cuando la mascara se mueve dentro y fuera.

Estoy convencida que la evolución de nuestra anatomía no será la pérdida del meñique como decían algunos evolucionistas, serán las orejas en alerón.

Pancartas blancas.

El mensaje lo ponía claro. Plaza de España, ocho de la tarde, domingo, llevar pañuelo blanco. Así que me puse en marcha, cuando llegué un ge...